Mira qué tonto / El baile de las moscas silvia

Mira qué tonto. El baile de las moscas silvia es el tercer libro que este servidor conoce de Javi Guerrero. Hace años, procrastinando, descubrí a un tipo que hacía comics en internet, lo que me parecía un concepto entre el futuro más innovador y los vídeos beta. Menos mal que años más tarde Stan Lee, como siempre, me dió las pautas necesarias (“el porno en internet se ve fantástico, pero a todo el mundo le gusta tener una teta en la mano”). El caso es que Javi Guerrero decidió sacar sus tetas a pasear por el mundo, primero con con “Mi Marisa es un ángel” y después con “Donde hay globos hay alegría”. En ambas el texto se fue comiendo paulatinamente al dibujo, en la primera obra con disimulo, pero en la segunda ya con descaro. Y el texto revelaba a un tipo más inquietante todavía que sus dibujos, llegando al punto en el que mirar los monigotes de sus libros se acababa convirtiendo en un alivio para el lector. Y es que el dibujo aguanta mejor la depravación que el texto, sobre todo cuando se escribe y se dibuja bien. La fuerza de sus textos es la fuerza de la historia, que necesita de las palabras para expresarse, porque el comic, aun cuando es arte, no llega a según qué sitios.

Y Javi Guerrero lo comprendió, así que para contar sus siguientes historias decidió dejar de lado (esperemos que temporalmente) el dibujo para centrarse en el texto. Mira qué tonto y El baile de las moscas silvia son dos libros aparentemente independientes. Y para que no haya dudas, hasta se leen dándole la vuelta la libro. Esta excentricidad de tebeo está a medio camino de La historia interminable y el Don Mickey y a mí personalmente me recordó a algún folleto de catequesis de mi infancia. Es de esos recursos que sólo un autor como Javi Guerrero se atreve a utlizar por que sólo muy pocos autores saben hacerlo bien. Son textos breves, de lectura rápida, intensa por momentos, hilarantes casi siempre y, sobre todo, cargados de una ternura cruel, descarnada, que fuerza al lector a posicionarse en contra de esa gente que se lo está haciendo pasar tan bien. ¿Cómo simpatizar con alguien tan pervertido? Pero es que es imposible no hacerlo, porque se parece demasiado al mezquino que esconde la última onza de chocolate al fondo del armario de la cocina para que no lo encuentren nuestras mujeres o hijos.

Para que se hagan ustedes una idea El baile de las moscas silvia y Mira que tonto es algo así como las memorias de la infancia de Bukowski, si Bukowski se acordara de su infancia. Pero el mito del santo bebedor, del juerguista empedernido con corazón bondadoso se deshace a medida que uno va leyendo hasta convertirse más en el cabrón de Henry Miller, pero sin tanta pedantería. Un Henry Miller asturiano que en lugar de París hubiese acabado en Andorra. La originalidad reside en que, no sabemos porqué, ambos libros no se articulan en uno solo. Hay una historia global, un hilo fantasmal que atraviesa todas sus páginas, arañando la lectura. El macabro y desternillante sentido del humor que no sirve para aliviar la tensión final, si no para llevarnos, sin darnos cuenta, al desenlace tragicómico, convierte a ambos libros en un conjunto preciso, casi matemático. Al acabar Mira qué tonto tenemos que darle la vuelta al libro para empezar El baile de las moscas silvia y al acabar éste tenemos que empezar otra vez. Son la misma historia, lineal y retorcida, fragmentada y, sobre todo, muy bien contada y divertida.

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